La danza salvó mi vida

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Por: Omar Hernández Sánchez

Fotógrafo de la compañía sentimiento cimarrón


No recuerdo cuando… si fue ayer o hace un año; la verdad no sé cómo la vida cambió y salí de mi tierra, acompañado de mis aciertos y desaciertos, buscando la tan anhelada paz para mi tierra, para los míos o tal vez lo más importante para mí. Con un morral lleno de ilusiones y esperanzas buscaba un futuro en la tierra de nadie, en la jungla de la vida, acompañado de añoranzas y recuerdos que me darían el aliento para trabajar y sacar un hogar adelante.

Me llamo Juan, José, Julio, David, Wilson, Michell, Karol, Roció, Katerine, Jessica o Laura que se yo; ya no tengo nombre, ni sexo , solo sé que camino las calles de un mundo desigual, dispar y anacrónico, donde cuesta mucho reír, donde el calor humano no está en la mano, donde la palabra alegría es como un tímido amanecer invernal. Llevo a mi lado hijos o pareja con quien enfrentar y cultivar un futuro, soy esposo o esposa, novio o novia o amante, y llevo presente que mis raíces calientan mi alma, que mi ser tiene luz, que salí de uno de los países donde la gente es más feliz, sin importar las condiciones, siempre hay una risa o algo que celebrar.

 
 
 

Mi largo viaje me hizo aterrizar mente y cuerpo, atascado por un cúmulo de emociones que debía poner en orden, solo faltaba la chispa, la luz , un amante que me hiciera sentir amor, pasión, euforia, alegría, que cada vez que abriera los ojos viera la luz, que con su ronroneo me hiciera llegar al sol. Tuve que salir de mi tierra para encontrarla, valorarla y entenderla. Hoy me embriago con su música, con la melodía del amor que me hace olvidarlo todo.

 
 
 
 
 

¡Ohhh qué bello es estar enamorado! pero todo en ésta vida también lleva dolor, sacrificio, llanto y frustración; sin embargo, cuando se quiere se puede, se lucha por aquello que te hace ser tú, que te alinea en la vida y la realidad. Nunca te pediré el divorcio, no he recorrido el mundo para dejarte ir, lucharé con todas mis fuerzas y hasta cuando ya no pueda te llevaré conmigo, has sido mi refugio, mi casa, mi psicólogo, aquel hombro tierno y cálido donde descansar mis tristezas.

Eres mi soporte, mi equilibrio, donde mi cuerpo exterioriza todas estas sensaciones, haciendo que exprese el lenguaje de los dioses, donde las palabras son mudas, donde mis hombros son maracas y mis pies el sonido armónico de la flauta de millo. Sin dejar de dibujar la tambora con el aletear de mis brazos, tú me has enseñado a no ser celoso o celosa y hoy más que nunca te comparto con alegría y por eso grito al mundo entero ¡Te amo DANZA mía!